martes, 15 de abril de 2014
EDITORIAL
AUTOR: PATRICIA CAMACHO G. COD. 39563556.
La vejez es una etapa para la cual la sociedad colombiana no se está preparando adecuadamente, aunque su crecimiento demográfico es bastante acelerado en el país y en el mundo. Grandes son los retos para evitar que en el presente y en el futuro, los adultos mayores permanezcan sin seguridad social, en dependencia económica y/o lesionados en sus derechos.
Según expertos médicos, las causas del rápido envejecimiento poblacional se encuentran directamente relacionadas con el descenso de la fecundidad y con la reducción de la mortalidad. Es decir, que mientras disminuye la proporción de personas menores de 15 años, aumenta el número de personas mayores.
Según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, en el año 2050 la población mayor de 60 años reunirá a más de 2.000 millones de personas en el mundo, situación que evidencia la rapidez con la que avanza el proceso de envejecimiento de la población mundial.
“Se requieren políticas claras y operativas que permitan que las personas puedan llegar a tener una vejez sana, segura y participativa en la sociedad, para evitar así que mañana tengamos una población demográficamente envejecida, sin seguridad, dependiente y lesionada en sus derechos”, aseguró Lina González, médica psiquiatra con trabajo en adulto mayor y consultora del tema para la Fundación Saldarriaga Concha.
Según González, el tener un mayor número de personas mayores obliga al país a actualizar y ampliar sus servicios en salud y protección a la población mayor, ya que al no generar las medidas de previsión necesarias para enfrentar estos cambios, va a generar un conflicto económico y social a futuro.
“Existen múltiples líneas de trabajo como el cuidado en la salud, la alimentación adecuada, el ejercicio físico, la generación y mantenimiento de redes de apoyo, la educación, la actividad laboral, el ahorro y la previsión económica para la vejez, entre otros”, manifestó la especialista.
Para Lina González, los ciudadanos y la sociedad se tienen que preparar para que la vejez sea una etapa activa y productiva, pero la productividad de las personas mayores no está necesariamente relacionada con la remuneración económica.
Norma Sánchez, líder en proyectos de envejecimiento y vejez de la Fundación Saldarriaga Concha, aseguró que para gozar de una vejez activa y autodependiente, es importante que todos los ciudadanos tengan presente que están envejeciendo y que el ahorro es fundamental, más es un país en el cual existe un alto nivel de informalidad y donde la cultura de ahorro es muy baja.
Aunque en muchas comunidades, especialmente en las indígenas, los ancianos son las personas más respetadas, protegidas y valoradas del núcleo social; en nuestra sociedad no lo son y en múltiples ocasiones se convierten en una de las poblaciones más maltratadas y abusadas.
Esta lamentable situación se registran permanentemente en hospitales, instituciones de atención especializada e incluso en los propios hogares. El maltrato puede ser de tipo físico, económico (financiero, patrimonial, material), sexual, por negligencia o abandono y psicológico, siendo este el más frecuente.
Lina González considera que esta situación obedece a la falta de promoción de derechos y de legislación específica para este grupo poblacional, la ausencia de mecanismos efectivos para la detección del maltrato, de reconocimiento de la persona mayor en la sociedad, de denuncias por parte de los agredidos y de educación sobre envejecimiento y vejez.
Asimismo, la disminución de la capacidad productiva o la sensación de no tenerla, hacen que al llegar a la vejez, muchas personas experimenten estados de depresión y otros conflictos que afectan su estado psicológico y emocional. Esto puede llevarlas a tener actitudes suicidas o a convertirlas en blanco de múltiples agresiones.
Uno de los mayores retos que afronta el manejo de la vejez en la sociedad, es educativo. En múltiples ocasiones se considera que los conocimientos y destrezas de las personas mayores no sirven para nada, lo que genera que muchos de ellos se sientan disminuidos y crean que aquello que construyeron en años de trabajo y dedicación ha sido un esfuerzo en vano.
En otros casos, las personas llegan a la vejez sin preparación alguna y sin planear actividades van a desarrollar después de su jubilación, empeora su incertidumbre y los pone en un mayor riesgo.
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